El tamaño real de la delegación que cada estado enviará a la
convención nacional se calcula por medio de una fórmula establecida
por el partido, en la cual se toman en cuenta factores tales como la
población del estado, el apoyo que ha brindado en el pasado a los
candidatos nacionales del partido y el número de funcionarios
elegidos y dirigentes del partido que ocupan en la actualidad algún
cargo público. La fórmula de asignación que usan los demócratas se
traduce en convenciones nacionales a las que concurre casi el doble
de delegados que a las convenciones de los republicanos.
La Constitución de los Estados Unidos confiere autoridad a los
estados para la creación de sus propias leyes electorales, bajo las
reglas y condiciones que el Congreso pudiera establecer. Aun cuando
los estados son libres de determinar las fechas en que se realizarán
sus elecciones primarias y sus comicios, también tienen un incentivo
para llevar a cabo sus contiendas de nominación de acuerdo con las
reglas del partido, ya que la Corte Suprema de la nación ha
dispuesto que los partidos tienen derecho de crear y aplicar sus
propias reglas para los que asisten a las convenciones nacionales.
De este modo, los estados que permiten la selección de delegados a
la convención del partido sin respetar las reglas que éste impone
pueden ver que sus delegados son impugnados al llegar a las
convenciones nacionales del partido o que éste decide reducir el
tamaño de su delegación por haber violado sus reglas.
Hoy en día, más del 80 por ciento de los delegados que asisten a
las convenciones nacionales de su partido son seleccionados en
elecciones primarias abiertas en las que pueden participar todos los
demócratas o los republicanos que se identifiquen como tales.
El Partido Demócrata ha impuesto una serie de reglas nacionales a
todas sus filiales en los estados, pero el Partido Republicano no lo
ha hecho. En efecto, las reglas de los demócratas disponen que los
estados realicen sus certámenes para la nominación presidencial
entre el primer martes de febrero y el segundo martes de junio del
año en que tenga lugar la elección presidencial. A los estados más
pequeños, Iowa y Nueva Hampshire, se les conceden exenciones
oficiales que les permiten votar en una fecha anticipada, tomando en
cuenta su tradición de ser los que realizan los primeros comicios y
la primera elección primaria, respectivamente. Para dar más fuerza a
la representación de las minorías que pueden estar concentradas en
ciertas comunidades del estado, los demócratas exigen también que el
75 por ciento de los delegados de un estado sean elegidos en
distritos no mayores que un distrito del Congreso. Además, el número
de delegados que se comprometen a apoyar a candidatos específicos se
calcula en proporción al voto que ellos o sus candidatos reciban.
Los demócratas tienen también otros delegados –líderes del partido y
funcionarios elegidos– que no están obligados a apoyar a un
candidato en particular, aun cuando éste haya ganado las primarias
en su respectivo estado. Por último, los demócratas requieren que
las delegaciones estatales estén divididas por igual entre hombres y
mujeres.
A pesar de las diferencias en las reglas de sus partidos –los
republicanos consultan con sus afiliados estatales y los demócratas
no–, se destacan dos tendencias importantes:
• Va en aumento el número de estados que adelantan sus
primarias y sus comicios al inicio del proceso electoral, con miras
a tener más influencia en la selección de los candidatos, alentar a
éstos a atender las necesidades e intereses del estado, y hacer que
gasten en éste parte del dinero de sus campañas. A esto se le llama
“madrugar”.
• En una práctica conocida como “regionalización”, los estados
han cooperado unos con otros para realizar sus primarias y sus
comicios en la misma fecha a fin de maximizar su influencia en la
región.
Estas dos tendencias han obligado a los candidatos a iniciar sus
campañas más temprano para tener un bastión en los estados que
realizan las contiendas iniciales. Así mismo, los candidatos han
tenido que depender cada día más de los medios de comunicación,
sobre todo la radio y la televisión, y del apoyo de los dirigentes
del partido en los estados para que los ayuden a llevar su mensaje a
los votantes en todos los estados que pueden llevar a cabo sus
primarias el mismo día.
La práctica de madrugar y la regionalización del proceso de
nominación primaria presidencial han beneficiado a los candidatos
que gozan de reconocimiento nacional, como los presidentes en
funciones, los gobernadores de grandes estados y los senadores y
representantes federales que tienen acceso a los fondos, a los
medios informativos y al apoyo de organizaciones.
Consideremos, por ejemplo, los antecedentes que condujeron a la
nominación presidencial demócrata de 2004. Ocho candidatos
demócratas habían reunido cerca de 25 millones de dólares y habían
gastado 7 millones el 31 de marzo de 2003, más de 10 meses antes de
los primeros comicios o la elección primaria inicial programada.
Entre esos candidatos, los que ocupaban escaños en el Congreso
reunieron más fondos, contrataron los mejores consultores políticos
y empezaron a forjar las mayores organizaciones de campaña. La
brevedad del tiempo disponible perjudica a quienes necesitan usar
las primarias y los comicios como escalones para ganar la
nominación, como ocurrió con Jimmy Carter en 1976 y John McCain en
2000.
Los constantes cambios introducidos en el proceso de nominación
afectan a todos los candidatos. Ni siquiera el presidentes en
funciones puede estar seguro de que obtendrá de nuevo la nominación.
En 1992, George H. W. Bush sufrió embarazosas derrotas en las
primarias, a manos del respetado presentador de televisión y
columnista periodístico conservador Pat Buchanan. En cambio, en
1996, Bill Clinton recaudó grandes sumas de dinero con tanta
anticipación que desalentó a cualquier opositor político de su
propio partido que hubiera querido desafiarlo. Clinton empleó ese
dinero con buena estrategia y montó una campaña electoral, orientada
a los medios de comunicación, que abarcó desde el inicio de los
comicios y las primarias hasta la elección nacional.
Nominaciones de los partidos y democracia
Está claro que las reformas del proceso de nominación
presidencial han ampliado la base de participación del público. En
1968, antes que se hicieran los cambios recientes en el proceso,
sólo 12 millones de personas votaron en las primarias, cerca del 11
por ciento de la población en edad de votar. En 2000 participaron
cerca de 35 millones, casi el 15 por ciento del electorado. En los
preparativos de la elección presidencial de 2000, más de 20 millones
votaron en contiendas entre George W. Bush y sus opositores
republicanos, y casi 15 millones lo hicieron en las contiendas
demócratas entre el vicepresidente Al Gore y su principal opositor,
el ex senador Bill Bradley.
Además de acrecentar la participación del público, el proceso de
nominación moderno ha ampliado la representación de los grupos que
forman cada una de las coaliciones electorales del partido. Aun
cuando la representación demográfica –en el sentido de raza y
género– se ha expandido entre los delegados de los partidos a las
convenciones de nominación, no ha ocurrido lo mismo con la
representación ideológica. La razón de esto es que quienes tienen
más altas tasas de participación en el proceso de nominación tienden
a ser activistas del partido con tendencias más ideológicas que el
miembro ordinario del partido. Así, los delegados a las convenciones
republicanas tienden a ser más conservadores, y los delegados
demócratas más liberales, que sus respectivos electorados.
Como antes dijimos, las reformas han debilitado también el poder
de los líderes del partido en los estados y han sido un incentivo
para que quien desea ganar la nominación de su partido haga
exhortativas a un público muy diverso. Esas exhortativas han
reforzado el vínculo entre los candidatos y el núcleo básico de sus
partidarios, y han alentado a quienes obtienen cargos públicos a dar
cumplimiento a sus promesas de campaña. En su primer año en el
cargo, George W. Bush orientó sus energías al logro de las
principales metas políticas de su campaña, es decir, reducción de
impuestos, reforma educativa y mejor preparación militar, esas
iniciativas de acción orientadas a su base política
conservadora.
Aunque muchas de las reformas introducidas en la nominación han
ayudado a la democratización de ese proceso, todavía hay anomalías.
Los que participan en las elecciones primarias suelen tener mejor
educación, ingresos más altos y mayor edad que el votante
republicano o demócrata término medio. Además, como siempre, la
gente que aporta dinero para los candidatos o para sus causas suele
pertenecer a estratos socioeconómicos más altos. El resultado
inevitable de esto es que la opinión de esas personas tiene una
influencia más poderosa en el resultado de la elección.
Por último, el proceso de nominación público y contencioso genera
facciones dentro de los partidos. Cuanto más competitiva sea la
lucha por la nominación, tanto más probable será que esas divisiones
lleguen al punto en que sea preciso superarlas de inmediato para que
el partido pueda montar con éxito la campaña presidencial de su
candidato.
El impacto de las convenciones políticas
Otra consecuencia de los cambios introducidos en el proceso de
nominación presidencial ha sido la disminución de la importancia de
la convención nacional de nominación de los partidos. Hoy, el
nominado presidencial es seleccionado en efecto por los votantes en
una etapa bastante temprana del proceso de nominación. A su vez, el
nominado anuncia a quién prefiere como candidato a la
vicepresidencia, antes que se reúna la convención. El candidato
ganador controla también la formación de la plataforma del partido.
Entonces, ¿por qué tiene el pueblo estadounidense que pasar cierto
tiempo ante el televisor, presenciando las convenciones de
nominación?
Otra consecuencia de los cambios introducidos en el proceso de
nominación presidencial ha sido la disminución de la importancia de
la convención nacional de nominación de los partidos. Hoy, el
nominado presidencial es seleccionado en efecto por los votantes en
una etapa bastante temprana del proceso de nominación. A su vez, el
nominado anuncia a quién prefiere como candidato a la
vicepresidencia, antes que se reúna la convención. El candidato
ganador controla también la formación de la plataforma del partido.
Entonces, ¿por qué tiene el pueblo estadounidense que pasar cierto
tiempo ante el televisor, presenciando las convenciones de
nominación?
A pesar de que la proporción de espectadores ha disminuido, las
convenciones siguen siendo objeto de atención en los programas de
noticias y en los periódicos. Las mismas encuestas mostraron que, en
2000, el interés del público aumentó durante las convenciones y
después de ellas, así como el conocimiento de los candidatos y sus
políticas. Así, las convenciones sirvieron para informar a los
votantes, ganar su apoyo y generar entusiasmo entre los partidarios
por los nominados de sus respectivos partidos, además de enfocar la
atención del país en la siguiente elección general.
El proceso de nominación presidencial no es perfecto, pero en las
últimas décadas ha fomentado la participación, mejoró la
representación demográfica y fortaleció el vínculo entre el
partidario término medio y los candidatos. Tal como es ahora, el
proceso concede ventaja a los candidatos que son más conocidos,
recaudan más dinero, tienen organizaciones de campaña más eficaces y
generan más entusiasmo entre los votantes desde el inicio de la
temporada de elecciones primarias presidenciales.