ELECCIONES 2004
Prefacio
Los Partidos Políticos en los Estados Unidos
Por John F. Bibby
La Nominación Presidencial y la Democracia Estadounidense
Por Stephen J. Wayne
Procedimientos Electorales de los Estados Unidos
Por Michael W. Traugott
Cronología de las Elecciones de 2004
La Campaña de 2004: Entrevista con Thomas Mann
Por Paul Malamud
Las Elecciones del Congreso
Por John H. Aldrich
Las Encuestas, los Expertos y las Elecciones de 2004
Por John Zogby
El Estado de las Finanzas de Campaña
Por Joseph E. Cantor
Retratos de los Presidentes Estadounidenses
Glosario de las Elecciones
 

Thomas Mann, Senior Fellow del departamento de las estudios del gobierno del Brookings Institution de Washington, D.C., ha escrito muchos artículos y libros sobre las políticas estadounidenses. La entrevista fue conducida por Paul Malamud, editor de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado.

 
Elections 2004
Entrevista con Thomas Mann
sobre la Campaña de 2004

Por Paul Malamud

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P: ¿Cuáles son los principales temas de la elección de 2004?

R: En el curso de toda campaña se toca una amplia variedad de temas, pero en la próxima elección presidencial parece muy probable que los asuntos clave sean dos. Uno es el bienestar de la economía, lo cual significa crecimiento económico, empleos, la situación general de la política fiscal de los Estados Unidos.

El segundo tema es la seguridad, la seguridad física. Esto se refiere a la sensación de bienestar de los norteamericanos frente al terrorismo en su país e implica la política de seguridad nacional, en particular la secuela de nuestras operaciones militares en Afganistán e Iraq.

P: ¿Al estadounidense ordinario le interesan los asuntos de política exterior?

R: El interés del público por la política exterior crece y decrece según el entorno internacional. En términos más generales, durante la Guerra Fría hubo épocas en que los estadounidenses tenían un profundo interés en la política exterior; sin duda, la Guerra de Vietnam llegó a ser un problema para la población. Creo que la razón por la cual la política exterior será importante en la elección de 2004 son los hechos ocurridos el 11 de septiembre. El ataque terrorista contra el Centro Mundial de Comercio y el Pentágono mostró con claridad a nuestro pueblo que no estamos tan seguros como creíamos, y la gran mayoría de nuestros ciudadanos respondieron en forma muy positiva al argumento del presidente Bush cuando dijo que debíamos dar la batalla contra los terroristas.

Los sucesos del 11 de septiembre significan que ahora los estadounidenses entienden que hay un nexo muy claro entre la seguridad en el país y nuestra política en el exterior, y es indudable que el espectacular aumento de popularidad del presidente entre el público nacional por el sentimiento general de que se mostró como un líder decidido, fue el fruto de sus acciones en política exterior y no de las iniciativas de la administración en el interior.

A partir del 11 de septiembre, los republicanos adquirieron una enorme ventaja en las encuestas de opinión, como el partido al cual confía el público el manejo de la política de seguridad nacional, y conservar esa ventaja será uno de los factores clave para la reelección del presidente. Mermar esa ventaja es sin duda una de las metas de los demócratas en su intento de recuperar la Casa Blanca.

Las decisivas victorias militares obtenidas en Afganistán e Iraq por las coaliciones encabezadas por los Estados Unidos han traído consigo el desafío mucho más complejo de la reconstrucción de posguerra, dando a los críticos de la administración buenas oportunidades para hacer de esto uno de sus temas de campaña.

P: La elección presidencial anterior, en 2000, fue una reñida contienda entre Bush y Gore. ¿Cómo influye lo cerrado de esa votación en la táctica y la estrategia para la futura elección en 2004?

R: La elección presidencial de 2000 se resolvió con la decisión de 5 a 4 en la Corte Suprema para poner punto final a la cuenta de votos en el estado de Florida. Lo importante aquí fue que el resultado en 2000 reafirmó la evidente realidad de que somos una nación 50-50, dividida casi por partes iguales entre demócratas y republicanos en todos los niveles de los cargos públicos de elección y en el nivel del votante individual.

Por lo tanto, creo que las estrategias de los dos partidos anticipan una elección muy disputada en 2004. Ambos partidos comprenden la importancia de recurrir a sus fieles partidarios. Así, habrá un enorme esfuerzo para movilizar a cada uno de los votantes. Creo que vamos a ver un viraje fascinante, pues aunque se seguirán usando los recursos de la publicidad por televisión, se harán más esfuerzos para propiciar la identificación del votante y “extraerle su voto”.

Los dos partidos y sus grupos de interés aliados harán enormes inversiones para hacer que sus partidarios acudan a las urnas. Los demócratas pueden aprovechar el descontento de sus partidarios más fieles por el resultado obtenido en Florida en 2000, como una fuerza motivadora para que su gente se presente a votar.

No obstante, vale la pena recordar que en las elecciones de medio período para los escaños del Congreso, los republicanos ganaron la batalla de la asistencia a las urnas: tuvieron mucho más éxito en la movilización de sus partidarios y eso explicó en gran parte su éxito en esas elecciones.

P: ¿Cómo logran los partidos que los electores acudan a votar?

R: En otros países donde el sufragio es obligatorio o hay un índice muy alto de participación electoral, estas consideraciones no se presentan en la misma forma, pero en los Estados Unidos, donde una participación de 50% del electorado en edad de votar se considera normal en las elecciones presidenciales, es muy importante todo lo que se haga para tratar de motivar a los ciudadanos a que ejerzan el sufragio.

Ahora bien, si se pregunta a qué se debe que los estadounidenses voten o se abstengan de hacerlo, el factor más importante tiende a ser la información. ¿Saben los posibles votantes que se acerca una elección? ¿Saben quiénes son los candidatos? ¿Saben cuáles son las diferencias entre los candidatos y entre los partidos? En segundo lugar, ¿tienen nexos con alguno de los partidos? ¿Se vinculan de alguna manera a las fuerzas que se enfrentan en las elecciones?

En tercer lugar, ¿alguien les ha pedido que voten? ¿Han tenido contacto personal con alguien que les haya informado dónde se localizan los centros de votación, cuándo se deben presentar a votar y otras cosas de ese tipo? Este último factor es el centro focal de los esfuerzos para incitar al voto.

Lo que se requiere para el éxito de esos esfuerzos es construir la organización en el nivel local, usar archivos computarizados para identificar a los probables partidarios, comunicarse con ellos por teléfono, por correo y por contacto personal en el mejor de los casos, de preferencia por medio de una fuente fiable –un compañero de trabajo o alguien de su comunidad– y después, el día de la elección, efectuar llamadas de seguimiento para confirmar que acudirán a las urnas y, en ciertos casos, ofrecerles transporte a esos lugares. Esto es en verdad un esfuerzo extraordinario.

P: Como es natural, la movilización es más eficaz con el núcleo de sus partidarios. ¿Cuál es el núcleo de partidarios de cada partido?

R: El análisis demográfico del Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Michigan [http://www.umich.edu/~nes/nesguide/nesguide.htm] teoriza sobre las diferencias entre las bases de cada uno de los partidos políticos. Resulta que los partidarios más decididos de los demócratas son afro-estadounidenses. Ellos suelen votar por los demócratas en proporción de 9 a 1. Los hispanos también tienden a apoyar a los demócratas, aunque por un margen de 2 a 1 o menos. Las familias sindicalistas votan en forma desproporcionada a favor del Partido Demócrata. Los electores de la clase trabajadora de bajos ingresos tienden a votar más por los demócratas, aunque algunos son conservadores sociales y una porción sustancial de ellos se siente atraída a veces por candidatos republicanos. Los intereses sociales y culturales explican en gran parte el hecho de que los varones blancos de la clase obrera y de clase media estén a favor del Partido Republicano.

Las personas divorciadas y las familias de un solo progenitor tienden a ser más demócratas, mientras que las parejas casadas tradicionales tienden a ser más republicanas. La filiación religiosa, así como la práctica y la asistencia al culto, son indicios poderosos de quienes forman parte de la base electoral republicana. Cuanto más a menudo asiste alguien a los servicios religiosos, tanto más probable es que sea republicano y que vote por ese partido. La gente no religiosa tiende a ser demócrata.

Las personas de altos ingresos son de orientación republicana. Esto cobra especial validez entre los que se dedican al comercio, desde pequeños empresarios hasta ejecutivos de corporaciones. Sin embargo, los profesionales de nuevo cuño –con muy esmerada educación y poseedores de títulos académicos– votan cada vez más por los demócratas.

Por último, hay una diferencia geográfica en la base de cada uno de los partidos. La llamamos la división de “los estados rojos y azules”, por la forma en que se mostró en televisión cómo quedó dividido el mapa de los Estados Unidos después de la última elección presidencial. Los estados pintados de azul en el mapa votaron por los demócratas; se concentran en las costas del este y el oeste, y en la hilera de estados del norte. Los estados rojos, o republicanos, tienden a estar ubicados en el sur, en los estados de granjas rurales y de las montañas Rocallosas, así como en algunos estados del oeste medio. También se puede observar la filiación partidista dentro de los estados. Los demócratas suelen tener sus bases en las ciudades y en los suburbios internos. Los republicanos tienen más fuerza en los suburbios externos y en las áreas rurales.

Los demócratas han adquirido más fuerza en las áreas de alta tecnología que están en crecimiento, mientras que los republicanos tienen más presencia en ciertas regiones del país que en realidad han perdido población: algunas de las áreas rurales. Los republicanos han tenido mucho éxito en los suburbios sureños de todo tipo, incluso en las zonas de rápido crecimiento como la que está en los alrededores de Atlanta (Georgia).

En suma, se podría pensar que el republicano es el partido de los conservadores religiosos y culturales; los hombres y mujeres de negocios; el Sur, los estados montañosos y el Oeste Medio; así como los suburbios externos y las áreas rurales. Los partidarios demócratas incluyen a minorías; laicos y liberales sociales; familias sindicalistas; residentes de grandes ciudades con bajos ingresos; y las costas del Este y el Oeste. Por supuesto, todas estas clasificaciones se basan en tendencias generales. Entre todos los grupos demográficos hay diversidad en materia de orientación política.

P. ¿A qué ventajas y desventajas se enfrentan los presidentes en funciones en las elecciones?

R: En primer lugar, es un hecho histórico que la mayoría de los presidentes en el cargo que buscan la reelección han tenido éxito. Por supuesto, no todos lo han logrado. De hecho, en la historia reciente hemos visto a varios que no tuvieron éxito. El primer presidente Bush en 1992 y el presidente Carter en 1980 no lograron ganar la reelección. Lo mismo sucedió con Gerald Ford, quien llegó a la presidencia sin haber sido elegido y luego falló en su campaña de reelección en 1976.

Sin embargo, en general, los presidentes tienden a ganar un segundo período. Esto se debe, en parte, a que en las primarias se sustraen con frecuencia a los desafíos que pudieran perjudicar su candidatura al poner de relieve sus puntos débiles. No obstante, el primer presidente Bush, el presidente Carter y el presidente Ford tuvieron que enfrentar desafíos de campaña en las primarias. El hecho de que el presidente actual, George W. Bush, no se enfrente a ningún competidor por la nominación republicana es una enorme ventaja para él.

En segundo lugar, los presidentes en funciones están en condiciones de dominar lo que Theodore Roosevelt llamó “el púlpito del bravucón”, es decir, pueden establecer la agenda de actividades y enfocar la atención del público en los asuntos más favorables a ellos. En ciertas ocasiones, por medio de actividades de política exterior y en asuntos económicos internos, ellos están en condiciones de cambiar la realidad, sobre la marcha, en la forma que les resulte más conveniente para ser elegidos. También les resulta más fácil –a los mandatarios en el cargo– recaudar fondos y acumular recursos. Cuentan con beneficios que pueden distribuir entre los activistas del partido que les brinden alguna ventaja en la elección misma.

Ahora bien, la desventaja del mandatario en funciones es que existe la tendencia de acreditar a los presidentes todas las cosas buenas que suceden durante su mandato y a culparlos de las cosas malas, sin importar que merezcan o no el crédito o la condena. Por eso, ocupar la presidencia en una buena época es un camino a la reelección, pero ser el mandatario en el cargo cuando la economía va mal o cuando la política exterior se ha estropeado es una clara desventaja. En muchos aspectos, las elecciones son plebiscitos sobre la percepción que se tiene del rendimiento de la administración actual.

Si son buenos tiempos, el presidente tendrá una ventaja; si la época es mala, tendrá sin duda una desventaja.

P: La base política del Sr. Bush como presidente se percibe con claridad. Por otra parte, la mayoría de los contendientes demócratas han ocupado diferentes cargos públicos: congresista, senador, gobernador de un estado, general de las fuerzas militares. ¿Cómo influyen esos puestos en sus posibilidades de llegar a la presidencia?

R: Se afirma que la mayoría de los miembros del Senado de la república, cuando se levantan cada mañana y se miran al espejo ven a un posible presidente. Sin embargo, como se dice, muchos senadores son “llamados”, pero pocos son los elegidos. La última persona que salió del Senado para ganar la presidencia fue John Kennedy en 1960. Desde entonces varios senadores han ganado la nominación, pero han perdido la elección. Entre ellos figuran Bob Dole en 1996 y George McGovern en 1972. Así pues, resulta que el Senado no es una plataforma de lanzamiento especialmente atractiva para la elección presidencial.

La mayoría de los candidatos que han llegado a la presidencia ocuparon antes el cargo de vicepresidente o gobernador. La vicepresidencia es una base natural para quien aspira a ser presidente, pese a lo cual el vicepresidente en funciones no siempre tiene éxito, como lo comprobó Al Gore en 2000. El cargo de gobernador ha demostrado ser un terreno especialmente fértil para contender por la presidencia, siendo el caso más reciente el de George W. Bush y, antes de él, Bill Clinton, Ronald Reagan y Jimmy Carter. Hay en realidad un expediente extraordinario. La carrera militar fue un fértil terreno de reclutamiento para los presidentes en el siglo XIX, pero en la era moderna sólo Dwight Eisenhower logró pasar de comandante militar a comandante de la nación.

P: ¿Qué influencia tendrán las leyes de financiamiento de las campañas en el resultado de esta elección?

R: George Bush fue el primer candidato presidencial elegido que rechazó los fondos públicos a la par (del gobierno federal) en el proceso de nominación, en 2000. Por eso no estuvo obligado a respetar los límites de gastos que ordenaba la ley en esa época. En consecuencia, en el año 2000 recaudó más de 100 millones de dólares y gastó más que su opositor demócrata. Eso no se le habría permitido si hubiera aceptado fondos públicos. En 2004, cuando los límites a las aportaciones individuales para los candidatos se han duplicado de 1.000 a 2.000 dólares, de acuerdo con la ley, Bush renunciará de nuevo en su campaña a los fondos públicos a la par y recaudará contribuciones hasta de 200 millones de dólares en el proceso de nominación.

Sin que nadie le dispute a Bush la nominación republicana, los que están a cargo de la campaña del presidente podrán usar ese dinero para definir en sus propios términos, frente al público, la figura del candidato demócrata a la presidencia y para empezar a construir la campaña de organización local destinada a inducir el voto en forma favorable a su causa en las elecciones generales. Esto es una enorme ventaja.

Ninguno de los candidatos demócratas ha mostrado la misma habilidad para recaudar tales montos de dinero en la temporada de las primarias del partido. Si aceptan los fondos públicos a la par, estarán obligados a gastar un monto cercano a los 50 millones; la mayor parte de esa suma la gastarán al inicio de la campaña para las primarias en 2003, y en los primeros meses de 2004 para tratar de ganar la nominación. Después, tendrán poco o ningún dinero para el resto del período, una vez que se haya perfilado un candidato en la convención de su partido. En vista de esta posible disparidad, habrá que observar si uno o varios de los candidatos demócratas rechazan los fondos públicos a la par y optan por recaudar y gastar todo el dinero que puedan obtener.

Una vez que terminan las campañas primarias y las convenciones de nominación del partido se llevan a cabo, los candidatos deben tomar la decisión de si aceptarán o no fondos públicos para la elección general. Se espera que tanto el presidente Bush como el candidato demócrata acepten los fondos públicos a la par.

P: ¿Es tan grande la influencia del dinero en el resultado de las contiendas por la presidencia?

R: El efecto del dinero a este respecto es más fuerte en algunas contiendas y en ciertas situaciones que en otras. Su importancia es extrema en las contiendas por la Cámara, en las del Senado de la república y en las de gobernador, ya que se requiere mucho dinero para que el aspirante llegue a ser conocido por los votantes y tenga en verdad la oportunidad de romper el velo del anonimato que envuelve a la mayoría de ellos.

Es importante en el proceso de la nominación presidencial, donde la mayoría de los candidatos son relativamente desconocidos y necesitan dinero para publicitar su persona y su plataforma, y para formar su organización. En la elección general tiende a ser menos importante porque los medios informativos dedican a la contienda cierto grado de atención “gratuita” por la importancia que tiene a esas alturas. Se presentan debates por televisión. En buena medida, la gente se basa en su identificación con los partidos al evaluar a los candidatos. Sin embargo, el dinero puede tener una influencia marginal cuando la elección es muy competida.

P: ¿Bastará que el candidato presidencial del Partido Demócrata critique al presidente Bush como mandatario en funciones o será necesario que los demócratas propongan algún tema de carácter positivo para ganar la elección de 2004?

R: Para tener éxito, los demócratas necesitan dos cosas. La más importante de ellas, por amplio margen, es plantear una razón por la cual los votantes le nieguen a George Bush un segundo período. Más que un programa alternativo, se trataría de un plebiscito negativo sobre la calidad de la situación del país bajo el liderazgo de George Bush.

Para que los demócratas tengan una posibilidad de recuperar la Casa Blanca y recobrar el control del Congreso, será necesario que muchos votantes expresen un sentimiento parecido a éste: “Me siento menos seguro de mi bienestar económico y de mi integridad física a raíz el éxito ambiguo de la guerra contra el terrorismo y por la confusa situación en Iraq”. Esto será una condición necesaria, aunque tal vez no suficiente, para que los demócratas ganen la Casa Blanca en 2004.

En segundo lugar, los demócratas tienen que cruzar un umbral de credibilidad. Es preciso que presenten un candidato a quien el pueblo estadounidense quiera confiar la protección de su seguridad y la tarea de seguir un rumbo de políticas que no sea alocado o extremista, y que no parezca ofrecer más riesgos que oportunidades a los norteamericanos.

Así pues, los demócratas tendrán que designar en efecto a un candidato que proponga una estrategia de seguridad nacional plausible, una estrategia económica y de política interna plausible. La mayoría de los estadounidenses no van a hacer una comparación directa entre las recomendaciones de política del presidente Bush y las de los demócratas. En lugar de eso, en caso de que la población considere que el expediente del presidente no justifica del todo la renovación de su mandato, optarán por examinar más de cerca el de los demócratas y preguntarán: “¿podemos confiar en ellos?”. Allí es donde el partido de oposición podría tener una opción positiva factible.

P: Según un viejo adagio, los candidatos adoptan en las primarias presidenciales posiciones más extremas a fin de complacer a las bases de sus partidos: los demócratas más a la izquierda y los republicanos más a la derecha. ¿Ocurre así en realidad y, en tal caso, influirá esto en el comportamiento político durante el año próximo?

R: Los candidatos presidenciales que han tenido éxito en las últimas elecciones no han sido presa de esa tendencia. Por ejemplo, en 2000, George Bush halló la forma de contender por la nominación republicana ofreciendo a los miembros de su base conservadora una política sustantiva que los complació en alto grado, pero con una retórica de moderación y compasión que lo libró de ser caracterizado como excesivamente conservador o de extrema derecha después de ganar la nominación.

Bill Clinton rechazó en su propio partido el enfoque tradicional de izquierda contra derecha, y trató de atraer en otras formas tanto a los votantes de la base como a los indecisos. Los activistas sí tienden a ser más extremistas en su ideología durante las primarias, hacia la derecha en el caso de los republicanos y a la izquierda en el de los demócratas; sin embargo, es posible enmarcar las exhortativas y los temas en formas que no dañen necesariamente su posición en la campaña para la elección general.

P: ¿Cree usted que la Internet vaya a tener un papel más importante en esta elección presidencial?

R: La forma de concebir la Internet en este contexto no es como una modalidad de la comunicación masiva ni como un sustituto de la publicidad por televisión. De hecho, ha llegado a ser importante para la organización de la campaña en: reclutamiento y organización de voluntarios, recaudación de fondos, coordinación de actividades en la comunidad y difusión de información para los partidarios. Howard Dean se ha inspirado en el éxito de John McCain en la elección de 2000 al recaudar sumas apreciables de dinero a través de la Internet. Dean y otros candidatos del Partido Demócrata la usan ahora como un recurso para construir la organización.

Por su parte, las fuerzas de Bush también entienden la importancia de la Internet y la han usado en forma activa para recaudar dinero, forjar sus organizaciones locales y asegurarse de contar con un medio para comunicarse con los activistas republicanos de un modo que inspire a la gente y asigne con eficacia los recursos.

Así pues, en esos aspectos, la Internet será una fuerza importante en esta elección.

P: Por supuesto, también habrá elecciones para la Cámara y el Senado, además de la elección presidencial. ¿Qué puede decir de esas contiendas?

R: De momento no nos parece que se esté fraguando un triunfo arrollador de ninguna de las partes. Parece más probable que vaya a ser una elección competida.

El Partido Republicano ha sido el de la mayoría en la Cámara de Representantes desde la elección de 1994. También tuvieron una estrecha mayoría en el Senado, que luego perdieron por corto tiempo cuando el senador republicano Jim Jeffords defeccionó de su partido y se hizo independiente. Los republicanos recobraron la mayoría en el Senado en la elección de 2002. Al examinar la estructura de las elecciones para la Cámara y el Senado, la conclusión de muchos analistas es que los republicanos conservarán quizá esa mayoría por todo el resto de la década, a menos que una marejada imprevista cambie las cosas a favor del Partido Demócrata.

En parte, eso es resultado de la disminución del número de distritos electorales competitivos en la Cámara de Representantes, lo cual es consecuencia de muchos factores. En los últimos años, esto se ha debido, en parte, al éxito obtenido por los republicanos al aprovechar el proceso de redefinición de distritos en el nivel estatal para asignar con más eficacia a sus votantes entre todos los distritos del Congreso. Es probable que en la próxima elección sólo sea reñida la contienda por el 10 por ciento de los 435 escaños de la Cámara que serán disputados. Y con la ventaja de los republicanos por ser el partido en el poder, por recolectar más dinero y por su éxito en la redefinición de distritos, ellos tienen a su favor las probabilidades de conservar su posición mayoritaria.

En los escaños del Senado hay más demócratas que republicanos. Recuérdese que, en un año de elecciones cualquiera, un tercio de los miembros del Senado aspiran a la reelección. Hay más demócratas en esa situación y esos escaños tienden a corresponder a los estados “rojos” (más conservadores), los cuales fueron ganados por George Bush en 2000.

Así, sólo con una victoria presidencial avasalladora en su favor podrían tener los demócratas la oportunidad de llegar a ser el partido de la mayoría en el Congreso.

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